Una forma de graduarse

Muchos ya lo sabéis, pero el pasado lunes 17, después de un año estudiando un MBA, conseguí graduarme, y para sorpresa de todos, como estudiante del año. Esto es algo así como el tipo social que juntaba al grupo, organizaba las fiestas y barbacoas, etc. Vamos, que no es que haya tenido las mejores notas del grupo (esto nadie se lo esperaba), sino que he sido el tipo social de la clase (the pirate, tal y como me presenté).

Como estudiante del año, tuve que dar un pequeño discurso, que asocié a los piratas y a lo que podemos aprender en el mundo de los negocios sobre ellos. Pero también aproveché para dar una pequeña sorpresa a Laura. Aquí tenéis un video del momento:

 

Para el que quiera saber de qué iba el discurso completo, aquí os dejo una transcripción.

The pirate life

What a year. How everything can change from september to september. And here we are, breathing at last and trying to decide what to do with our lives.

We have passed together through many things. From going to war because of coffee, to travel all around the world just by going to the room next door. Endless parties and barbecues, and also endless nights finishing papers (or not).  We had shown Nyenrode that we are special, that we go our own way, and that we are proud of it. Words are not enough to express my gratitude to my classmates, my professors and the school.

I am not standing here because of my good grades, that is clear. But because of who I am, because of being a pirate, and as it happens, business and the world can learn a lot from them.

Pirates never settled. They didn’t agree with the rules, and they broke them. They took the initiative and fought for what they though correct. Standing up against the order, shaking society.

Pirates had honour. Their own code, and were loyal. Their ship was their temple, and fighting together with their comrades was the best fate. Dubious ethics maybe, but they were consistent with their code.

Pirates were free. They sailed and sailed. Their lives might not be as comfortable as the nobles in their palaces, but every morning they saluted the sun from the place they wanted. And their freedom gave them their power.

And finally, They made things happen. While the empires were buried in bureaucracy, they just DID things. To the point that kings had to hire them as corsairs as only way to accomplish missions.

Now, our MBA is over and we will depart to different destinations, some even with serious jobs. The only real thing I can share, is the pirate life, and I hope, in years, when you look back, a little bit of me, stayed in all of you as well as a little bit of every one of you, will stay  on me. I just hope you will enjoy your lives, as I will do with mine.

The business world needs more pirates. Needs more game changers.
People willing to break the rules to change the world
People who can be truly themselves, even if that means being both loved and hated
People who can innovate despite the walls and negatives
who can fall and rise again and again
People who don’t take themselves too serious
People, in general, who can ask themselves questions everyday like

What is important in life?…
What is that, that changes you so much…
but without changing you at all…?
Do you wake up everyday, feeling that you are doing the right thing?…
Because what is life but sharing?…
And who to share it with? …
Because that is what makes us better.

So please, excuse me for just a moment.

La fábula del MBA y el Pescador

Hace unos días he recordado una historia muy interesante que, en cierta manera representa el estilo de vida que he elegido, y que en ocasiones de hace complicado seguir, porque la vida al final, te arrastra hacia lo que el resto del mundo hace.

Cuando terminamos de viajar sabíamos que podría ocurrir. Establecerse una temporada en Holanda, estudiar un MBA, entrar en el mundo corporativo. Es una receta para olvidar todas las lecciones de vida que aprendimos durante el viaje y acostumbrarse de nuevo “a lo bueno” (notese el uso de las comillas)

El dilema entre la vida oriental y la occidental ha existido siempre. Una vida contemplativa, meditación, feng shui y comidas naturales versus largas horas de trabajo, competencia descarnada y la carrera por llegar a la cima.
Pero este dilema es falso, porque al final estés donde estés, tienes que hacer algo para sobrevivir, y al menos aquí la calidad de vida es en algunas situaciones, mejor. La clave, y aquí esta lo difícil, esta en saber integrar lo bueno de ambos mundos. Paliar nuestro capitalismo exacerbado con una vida mas natural y equilibrada. En una frase: mas te y menos café, mas meditación y menos estrés.

Como digo, no es fácil, y lo peor de todo es que es muy fácil perder el foco y olvidarse de que es lo importante en la vida, y por que estamos haciendo lo que hacemos. Por eso (y muy a mano de estudiantes de MBA), esta historia viene muy a mano:

Un MBA analista de McKinsey, después de tres años de proyecto en proyecto sin un solo día libre, consigue tener vacaciones, y decide viajar a una isla recóndita en un pais en vias de desarrollo, donde relajarse durante unos días.

Allí se encuentra un pescador descansando bajo la sombra de una palmera. El hombre, pensando que la vida en esta parte del mundo seria mas dura, le pregunta “buen hombre, no tiene usted que pescar?”, a lo que el pescador responde “ya he vuelto de mi pesca diaria, así que ahora puedo descansar”.

Esto dejo a nuestro MBA perplejo… ¿Como puede alguien, a mediodía, haber terminado de trabajar, y descansar tan tranquilo? Tras preguntarle sobre su jornada, el pescador responde

“Cuando he pescado lo suficiente para alimentar a los míos, y vender algunos peces para conseguir arroz y alguna cosa mas, puedo volver a casa.

“Y en que empleas el resto el día?” pregunta el MBA, que acostumbrado a trabajar 12 horas al día, no sabría que hacer con tanto tiempo libre!

“Pues duermo hasta tarde,  juego con mis hijos, duermo una siesta con mi mujer y algunos días visito a mis familiares en aldeas cercanas. En las tardes voy al pueblo donde me encuentro con mis amigos, bebemos algo, tocamos la guitarra y cantamos y entonces vuelvo a casa con mi familia. Vivo una vida plena”

En ese momento, nuestro MBA de McKinsey interrumpe al pescador. Su cabeza vuela con números e ideas, y le dice.
“Si te puedes permitir esto, es probablemente porque tus márgenes son muy bajos, y los recursos se pueden explotar mucho mas. Probablemente ese pescado valga mas en otro sitio y tu labor valga muchísimo mas!”
“Mira, tengo un MBA por la universidad de Harvard, y te puedo ayudar, escuchame con atención”

“En lugar de pescar durante dos o tres horas, saldrás a pescar durante ocho o diez. De esta forma podrás pescar muchos mas peces, venderlos y tener mas dinero?”

“Y para que”, contesta el pescador.

“Hombre! No seas ingenuo! Con ese dinero te podrás comprar una barca mas grande, con la que pescar durante mas horas y conseguir aun mas peces, que te reportaran aun mas beneficios, y tu margen aumentara!”

“Pero… para que?”

“Mira, esto se llama economías de escala. Cuanto mas producto generes, mayores son tus beneficios. Así, con el dinero que ganes, te podrás comprar otras dos o tres barcas, y tener a otros pescadores trabajando para ti”

“Ya, ya veo… Pero para que querría que otros pescadores trabajaran para mi en lugar de para ellos?”, el pescador no entendía nada…

“Cada vez tendrás mas barcos y pescadores, hasta que un día tengas una flota, y pesques tanto que puedas abrir tu propia planta. En ese momento ya no tendrás que pescar por ti mismo, gestionaras los salarios de tus pescadores, a los clientes, y las cuentas de la empresa. Te podrás mudar a la gran ciudad, o incluso al extranjero”

“Y cuanto tiempo necesitaría para eso?”, pregunto el pescador escéptico.

“Bueno, el éxito requiere tiempo y mucho, mucho esfuerzo! Pero quizá en diez o doce años puedas conseguirlo. Y lo mejor viene después Una vez tengas tu imperio de pescadores, podrás entrar en el mercado de valores, tener acciones, comprar, vender… Y ganar millones de dólares!”

“Oh! Millones! Y que haría entonces?”

“En ese momento es cuando te puedes retirar feliz, con tu fortuna y podrás  dormir  hasta tarde,  jugar con tus hijos, dormir una siesta con tu mujer y algunos días visitar a tus familiares en aldeas cercanas. En las tardes podrás ir al pueblo donde te encontraras con tus amigos, beberás algo, tocaras la guitarra y cantareis y entonces volverás a casa con tu familia.”

Otro cambio de vida, de camino a Holanda

Nota: Este post sale con dos meses de retraso!

Después de estos dos años dando tumbos por el mundo, mi visión sobre la vida, y por qué ocurren las cosas ha cambiado bastante (como el atento lector habrá comprobado con la evolución de los artículos aquí publicados). De ser una persona totalmente empírica, de pensamiento científico y escéptica por naturaleza, a creeer en cierta manera en el destino y en que para algunas cosas, la vida confabula contra ti para que ocurran. Tanto para bien como para mal.

Hemos tenido ejemplos de esto durante todo el viaje. Cosas que no tenían por qué ocurrir y que por mucho que nos empeñábamos simplemente no salían bien, y cosas que nunca pensábamos podrían ocurrir, ocurren y con todos los factores necesarios. Oportunidades únicas aparecen, y al final todo sale bien. Y es que cuando uno hace las cosas bien, la vida te recompensa y te ofrece lo que de verdad quieres.

Mi carrera profesional siempre ha estado centrada en ser emprendedor, empresas de internet, etc. Soy un workohólico que dicen. Me encanta mi trabajo, me encanta iniciar proyectos y la euforia de lanzar cosas nuevas. De hecho en los últimos meses he estado promulgando el estilo de vida nómada (el que hemos llevado durante todo este viaje). Con el que uno puede trabajar y subsistir mientras viaja y se mueve por cualquier parte del mundo. Pues bien, este estilo de vida ha cambiado.

Los que me conocen saben que desde hacía tiempo le daba vueltas a hacer un MBA (Master in Business Administration). Que lo consideraba un paso importante en mi carrera, siempre que fuera en una escuela de negocios de prestigio, y que me daría el título que siempre me ha faltado (a este pobre ingeniero que nunca terminó la carrera). He tenido distintas oportunidades de hacerlo, pero cuando empezamos el viaje la idea se desvaneció completamente.

Durante el último mes, sin embargo, una oportunidad volvió a meterme la idea en la cabeza. La universidad de Nyenrode, la universidad de negocios más importante de Holanda, y de las más importantes de Europa, lanzaba un concurso donde ofrecían becas para estudiar su MBA Internacional. En un ataque de espontaneidad me decidí a participar escribiendo un pequeño ensayo de lo que consideraba “innovación”. Por supuesto sin muchas intenciones de ser escogido.

Varias semanas, y un par de fases después, me informaban de que estaba entre los 100 finalistas escogidos, y que tendría que exponer en 2 minutos a través de videoconferencia por qué soy la persona adecuada para recibir la beca. En esos momentos me encontraba en la escuela shaolin en china, donde la conexión no era nada buena, completamente insuficiente para hacer video por internet. Después de varios intentos lo conseguimos hacer a través de llamada telefónica.

2 horas después me comunicaban que les había impresionado mi currículum y mi espíritu emprendedor, y que me daban una de las becas del concurso. Una beca por valor de 32.500€ que cuesta un año de estudios en este programa. La sorpresa fue tremenda.

Como comentaba anteriormente, a veces las cosas ocurren por una razón, y esta parece ser una de ellas. Todo ha confabulado para que acabe ocurriendo. Por ejemplo, al mismo tiempo que conseguía la beca, Laura era ascendida en su trabajo a coordinadora de recursos humanos, trabajo que puede hacer de forma totalmente online.

Hasta el momento en que me dijeron “enhorabuena” no me había parado a pensar las implicaciones que esto tenía. Parar el viaje, posponer Tíbet, Nepal, dejar Sudamérica para otro momento, etc.. Y además arrastrar a Laura conmigo a Holanda! Sin embargo una oportunidad de este tipo no se puede desaprovechar, y ¡hey! Sudamérica no se va a mover del sitio…

La beca estaba ligada a pasar el proceso de admisión común para cualquier otro estudiante, que consiste en la redacción de varios ensayos, cartas de recomendación y sobre todo pasar el GMAT (General Management Admission Test). Un examen que prueba tus habilidades de crítica lectora, redacción correcta (en inglés) y habilidades matemáticas básicas). Se puntua de 0 a 800 puntos y en la universidad piden un mínimo de 600. Con 3 días para preparar el examen, y entre entrenamiento y entrenamiento de Kung Fu nos fuimos a Shanghai. Mi puntuación fue de 610.

Desde septiembre hasta el siguiente septiembre de 2012 estamos instalados en Breukelen, a medio camino entre Amsterdam y Utrecht, en un castillo de varios cientos de años. En cierta manera me sentiré como parte de los tercios viejos (un poco menos recio), pero reinvadiendo Flandes en nombre de la corona :) Esta vez, no tendré que reptar entre caponeras, sino lidiar entre trajes y corbatas y volver al mundo corporativo que tan poco me gusta pero que tanto echo de menos igualmente.

Nos vemos en Holanda!