Cómo hacer dedo o Autoestop

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El autoestop o “dedo” es un método de transporte que suele dar respeto, pero que en muchos sitios es no solo adecuado, sino recomendable, es el auto stop. O hitchhikkng en inglés. Se puede realizar con seguridad en muchos países y nos permite además de ahorrar dinero, conocer gente durante el trayecto. Tanto es así que en muchos países se ha convertido en un estándar entre backpackers para poder moverse de un sitio a otro cuando los recursos son limitados y se busca sensación de libertad.

Sin embargo, no nos tenemos que engañar. El autostop es cansado, requiere tiempo y esfuerzo. Implica tener que andar y moverse dentro de una ciudad y ser flexible a poder cambiar planes, pero si se hace correctamente puede tener muchas ventajas. Añadir cierta aleatoriedad al viaje hace que vivamos una aventura más interesante, y durante el trayecto probablemente podremos conocer todo tipo de personajes. Locales y turistas, que conviene conocer en profundidad.
Aquí van una serie de consejos, para que podáis disfrutar de esta aventura en vuestro siguiente viaje.
  • Colocación y posición: El lugar donde nos situamos es sumamente importante. Debemos situarnos siempre en las salidas de las ciudades, o entradas en autovías (pero no dentro de la misma), siempre en dirección hacia nuestro destino. Las salidas de gasolineras, cruces y otras paradas donde los coches bajan de velocidad son perfectos, siempre en zonas bien visibles y con espacio para frenar y parar con seguridad. Debemos evitar espacios como cambios de rasante, o lugares en el medio de la “nada” donde los coches pasarán a 120km/hora y ni se darán cuenta que estamos ahí.
  • Seguridad: estemos donde estemos siempre debemos elegir un lugar seguro tanto para nosotros como para el conductor. Nosotros deberemos estar en el arcén o en la cuneta, incluso si hay quitamiedos al otro lado del mismo. Si vamos andando, siempre por el lado contra los coches (Es decir, en España por la izquierda) y en el arcén o lo más apartado posible de la carretera. En Europa está prohibido ir andando por autovías y autopistas.
    Respecto al coche, debemos buscar una posición donde nosotros y nuestro cartel seamos bien visibles, y haya espacio para frenar y parar. Ningún coche va a parar si conduce a 120, y no hay sitio en el arcén para parar sin molestar al tráfico.
  • Cartel o indicadores: Aunque mucha gente no lo utiliza, y esto no es un problema en carreteras donde solo hay un posible destino, tener un cartel con tu destino final puede ayudar al conductor a saber si debe pararse o no. Quizá vuestro destino está de camino o puede hacer un desvío y os puede sugerir una ruta, en lugar de hacerle parar para nada. El cartel debe ser suficientemente visible y claro, por lo que se recomienda haceros con un buen rotulador y varios cartones suficientemente grandes para ir creando las distintas partes de la ruta.
  • Evitar la noche: Parece evidente, pero en la medida de lo posible hay que evitar la noche, tanto por seguridad como por que será mucho mas difícil que nos vean a nosotros y a nuestro destino. Además, a nadie le gusta quedarse perdido en el medio de la nada en un sitio donde nadie para.
  • Da conversación: Cada conductor tiene sus razones para parar a un autoestopista, pero en muchas ocasiones, además de por hacer un favor, es por tener conversación y conocer gente. No entres al coche y te quedes callado todo el trayecto. intenta conocer a tu conductor y habla con el o ella. Interésate por quién es y déjale que te cuente o cuéntale tu vida. Tampoco acapares la conversación y seas un “pesado”.
  • Conduce tu: En ocasiones, cuando el viaje es largo, el conductor nos puede proponer conducir a nosotros. Al conductor le ayudamos a descansar y nos ganaremos lo kilómetros. También podemos proponer pagar algo de dinero para gasolina, o pagar alguna comida o bebida. ¡Ojo, solo si el conductor nos lo propone!
  • Cantidad de viajeros: Una o dos personas suele ser lo ideal. Las chicas tienen más posibilidades de que las paren, y después las parejas. Más de tres personas, aunque complicado, es también viable. Por último, cuando se hace auto estop solo, hay que vigilar más con la seguridad personal, aunque por otra parte es más sencillo que alguien nos recoja.
  • Conoce el terreno: Antes de aventurarte a la carretera, es muy importante saber dónde te mueves. Un mapa de carreteras y de ciudades suele ser bastante importante para poder recalcular tu ruta. Además de buscar en internet los lugares donde es mas fácil colocarse, también debemos preguntar si hay zonas poco seguras que debamos evitar. En ocasiones nos dejarán en el medio de un cruce o una intersección donde debemos buscar otro ride. Planificar la ruta nos ayudará a evitar sorpresas o quedarnos en el medio de la nada. En ocasiones es mejor esperar al siguiente coche que nos pare y cuyo destino sea mas adecuado, que montarnos en la primera opción que veamos disponible. Algunos recursos: HitchWiki.
  • Se gracioso: Cuando nada funciona, a veces hay que conseguir que nos vean con mejores ojos. No es raro ver a algún autoestopista disfrazado, o con algún cartel que haga gracia, y consiga que te paren.
  • Dinero de emergencia: Pase lo que pase, siempre debemos tener suficiente dinero como para comprar un billete de tren o autobús. Si llevamos más de una o dos horas esperando probablemente es que estamos en el sitio incorrecto, o que hemos tenido mala suerte, y podemos pensar en hacer noche o buscar una alternativa

En definitiva. Es una experiencia que puede ser muy divertida, interesante y nos permite conocer gente. Pero también puede ser cansada y muy tediosa. Es independiente del nivel adquisitivo que tengas ya que es simplemente una experiencia distinta (aunque si viajes corto de dinero, te ayudará a ahorrar). Y por supuesto, por supuesto, nunca olvides tu toalla.

Un pequeño resúmen de la ruta

Aquí va un pequeño resumen muy muy rápido de la ruta que hemos hecho en esta primera etapa.

El recorrido de Australia

Con un poco de retraso, debido a los diversos bloqueos en China, os dejamos el video que resume nuestro paso por Australia.

Vidas Nómadas

Mucha gente en España piensa que estamos en unas vacaciones de muchos, muchos meses. Muchos otros, se preguntan cómo podemos seguir viajando durante tanto tiempo sin arruinarnos, teniendo en cuenta que hemos pasado no solo por países “baratos” sino también por otros más caros (Australia, Nueva Zelanda, o Estados Unidos). Además, tampoco nos cortamos de nada. Hacemos buceo, nos tiramos en paracaidas, disfrutamos de las delicatessen culinarias de cada sitio y no nos conformamos con cualquier cuchitril con cucarachas para dormir.

La respuesta es sencilla, ni estamos en un “gap year”, ni utilizamos nuestros ahorros, ni vivimos de nuestros padres. Trabajamos en el camino. Ahorramos bastante dinero antes de salir, pero ese dinero es un fondo reservado para cuando queramos “volver” a algún sitio y montar una casa o un negocio. Por el resto, ahora mismo tenemos prácticamente el mismo dinero con el que hemos salido. ¿Cómo es esto posible?

Pues con un estilo de vida nómada, donde lo que importa no es solo viajar, sino también mantener un estilo balanceado y ser capaz de mantenerse indefinidamente con este estilo. En otras palabras: ¡Trabajar durante el viaje! Ya hablamos sobre un estilo de vida nómada hace tiempo.

Si tienes paro, mucho dinero, un mecenas, una pensión o inversiones que te reportan un salario mensual, estás de suerte. Pero este no es el caso del que hablamos aquí. Hablamos de viajeros, nómadas, que tienen una nómina generalmente más reducida que en casa, pero que les permite mantenerse de viaje, allá donde quieren y de la forma que quieren. Trabajando lo justo, sin estrés. Lo que algunos llaman “La jornada laboral de 4 horas semanales”, pero sin explotar a nadie ni especular con el trabajo de otros.

Esto puede ser más fácil o más difícil dependiendo de nuestra profesión, y de lo que estemos dispuestos a trabajar. No es apto para vagos o gente con poca motivación o fuerza de voluntad. Profesionales como diseñador gráfico, programador, traductor, escritor, etc… tiene más facilidades para convertirse en nómadas, pero lo que hemos aprendido es que cualquier profesional de cualquier área puede modificar su actividad de forma que la pueda realizar desde cualquier parte del mundo.

El concepto de tiempo cambia bastante. Dado que nosotros estamos viajando sin fecha de vuelta, nos podemos permitir estar en un lugar tanto como queramos, o más bien tanto como el visado nos permita. Y si queremos estar más tiempo siempre podemos hacer un “visa run”, es decir, salir al país vecino y conseguir un nuevo sello de entrada. Al estar más tiempo del habitual para un viajero en un sitio concreto llegamos a conocer mucho mejor a la gente local, pasamos a ser sus vecinos y no sus clientes, cogemos confianza, nos cuentan sus cosas, les contamos las nuestras. Aprendemos, al fin y al cabo.

Las necesidades también cambian. El ordenador portátil irá siempre a la espalda, y disponer de una conexión a internet decente pasa a ser una prioridad en cada sitio. Bien con un pincho 3G, con wifi gratis o con un cable. Aunque esto parezca muy difícil en realidad no lo es. La conectividad es global y es MUY fácil (aunque no muy barato) conectarse desde prácticamente cualquier parte del mundo.

¿Quieres saber más? Dentro de muy poco tendréis publicado un libro que se llamará “Vidas Nómadas” que explica en detalle cómo cambiar tu vida y convertirte en un nómada 2.0. Cómo mantener un viaje balanceado con el estilo de vida que queremos. Mientras tanto, también te podemos ayudar desde Nomadum Consultoría de Viajes.

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De cómo alquilar una isla privada

Como cada día, nos despertamos en el nido con la melodiosa música de las obras de nuestro hotel, que nos sirvió para negociar el precio de la habitación a la baja, pero no resultó muy agradable para dormir largas horas, así que a partir de las 8:00 de la mañana o bien estábamos buceando, o bien tomándo un café enfrente.

Fue en uno de estos cafés donde Alberto (uno de nuestros amigos españoles con el que hemos viajado por Filipinas), conoció a Alfred, un curioso personaje austriaco, ya en los 70, que es dueño de una isla en la parte norte de Palawan.
Alfred nos contaba que solo “alquila” su isla a gente auténtica, a viajeros, a misioneros, a colaboradores, etc… pero no a turistas. Supongo que caímos bien en esa definición, y tras una ardua negociación en el precio acordamos ir para allá dos días más tarde. En ese momento habíamos alquilado nuestra primera isla privada! Así que para allá fuimos Alberto, Ana, su pareja de viaje, Teresa y Martí, dos españoles que conocimos en Palawan, Laura y el que escribe estas líneas (Sergio).

Brother island (La isla del hermano), se encuentra en la región más norte de Palawan, enfrente de la aldea de Teneguiban. Tan solo a 35km de El Nido, pero a más de 1 hora de distancia. Y es que el estado de los caminos (que no carreteras), hace que el transporte en esta región sea duro y largo.
Los viajes se hacen en “jeepneys”, jeeps dejados por los americanos tras la 2ª guerra mundial, que los locales han modificado y han estado usando hasta ahora. Estos vehículos (camiones), tienen capacidad para unas 20 personas, pero los filipinos son capaces de usar todo el espacio. Con “todo”, nos referimos al espacio en volúmen del aparato, incluido el techo, suelo y unos encima de otros, hasta el punto en que en ese viaje había más de 50 personas metidas en el bicho, incluidas 5 solo en la parte de delante.

Una hora y algo más tarde, varios ríos vadeados y unas cuantas paradas para la recogida de mangos y otras frutas, llegamos a Teneguiban donde Alfred y uno de sus barqueros nos estaban esperando. ¡Hola amigos! dijo en perfecto español y con voz campechana. Enseguida nos montamos en su bangka y nos dirigimos hacia “Brother Island”.
Las fotos que vimos no hacían juicio a la sensación de llegar en persona a un lugar totalmente vírgen y con turismo nulo real. El agua permitía ver el fondo a más de 10 metros de profundidad, poblado por corales y todas las especies de peces, la playa formada por arena finísima quedaba coronada por varios grupos de palmeras que hacían que la palabra “paraíso” quedase en poco, y al fondo “Chez Alfredo”, una construcción básica pero robusta, al estilo local con paja y bambú nos daba la bienvenida.

La isla contaba con escasas dos hectáreas. en menos de 5 minutos se podía rodear completamente y fue ésto lo primero que hicimos no sin antes descargar y colocar nuestra comida y bebida para los próximos días. Toda la parte este de la isla estaba rodeada por rocas que formaban un pequeño rompeolas, y al fondo se encontraba la “suite especial”. Una fabulosa cabaña desde donde se podía ver un amanecer o anochecer estupendo, alejado de cualquier rastro de civilización o turismo.

Durante los días que estuvimos en la isla no hicimos demasiado, más que intentar pescar, estar tirados en la playa, bañarnos en las aguas turquesas o preparar exquisitas comidas, incluida una paella valenciana / local que Teresa y Ana tuvieron a bien preparar. Cada día disponíamos de pescado fresco que podíamos preparar a la brasa con un poco de arroz, y siempre terminábamos la jornada debatiendo sobre el estado del mundo y otras lindezas entre los invitados y nuestro amigo Alfred, que resultó ser un poco excéntrico pero buena persona.

Alfred es un personaje muy curioso. Con sus 60 o 70 años ha recorrido prácticamente todo el mundo, y no extraña que su profesión principal haya sido agente de viajes. No conseguimos que nos diera una cifra exacta de los idiomas que habla, pero le hemos escuchado hablar perfectamente alemán, italiano, inglés, español, portugués y filipino. Aunque argumenta que también habla griego y ruso. Hace 30 años se casó con una filipina con la que tuvo uno hijo, y compró Brother Island, y ahora vive a caballo entre Viena y Filipinas.
Las experiencias que ha vivido y sus pensamientos a veces extremistas le hacen una persona difícil, intransigente en sus ideas y difícil para debatir, pero lleno de conocimientos, buenas ideas y verdades. Y es que sin un guardián de la isla así, nuestra experiencia no habría sido la misma.

Uno de los días pudimos visitar la aldea frente a la isla y donde viven algunos de los trabajadores de Alfred. Cerca de 30 familias viven alrededor de un pozo de agua dulce, y la poca electricidad que pueden usar sale de un generador común. Viven totalmente bajo el índice de pobreza, y el cacique es autoproclamado por tener más de 5 cerdos. Si alguien coge malaria, un mal relativamente común, necesita tener dinero ahorrado o contar con la ayuda de sus compañeros para viajar hasta El Nido, o Puerto Princesa para recibir tratamiento, y los niños tienen escuela gracias a la mujer de Alfred, que la construyó junto con una pequeña capilla donde dan misa una vez al mes.

La última noche pudimos despedirnos como la tradición ordena. Con una buena hoguera en la playa, cervezas, canciones y una guitarra y por supuesto baño nocturno en una mar totalmente calmada e iluminada por la luna llena. No sabemos cuándo seremos capaces de volver a alquilar una isla solo para nosotros!

Y por fin a la mañana siguiente cogimos nuestra bangka de vuelta a tierra. Ninguno hablábamos porque sabíamos lo que dejábamos atrás. Mientras avanzábamos hacia Teneguiban el sol se levantaba muy poco a poco, y se reflejaba en las palas de las barcas tradicionales filipinas sobre un agua tan quieta que parecía un espejo.
El jeepney ya nos estaba esperando y esta vez no hubo tantos viajeros, por lo que pudimos hacer una vuelta tranquila hacia El Nido y retomar la vuelta a la civilización, donde nos volvimos a encontrar con “westerns” de piel blanca antes de nuestra huida al siguiente destino: Coron.