Recorriendo Perú: De los Aymaras a los Quechua

En Copacabana, Bolivia, pudimos hacer una pequeña parada y descansar. La ciudad no solo es tranquila y ofrece la relajación que necesitabamos después de correr por toda Bolivia, sino que realmente íbamos a necesitar ese descanso debido a los primeros días que habíamos planificados en Peru.

Copacabana

Un año de viaje parece mucho tiempo, pero en realidad, una vez uno se pone a planificar, no es tanto. Tienes que hacer elecciones difíciles y hacer balance entre un recorrido más tranquilo, empaparte de la cultura y de los lugares, y visitar todos aquellos sitios que te interesa ver…. porque nunca sabes cuándo vas a volver.

Y en Perú nos pasaba exactamente eso. Lógicamente Machu Picchu era una de las partes clave del viaje que no nos queríamos perder. Y no solo las ruinas Incas sino también Cuzco y todo el Valle Sagrado, y la cultura Quechua. Pero al mismo tiempo queríamos disfrutar de las playas y pasar unos días de descanso en Máncora practicando surf. Aunque luego nos dimos cuenta que el destino tenía otros planes para nosotros.

Atardecer en Copacabana

El caso es que salimos pronto por la mañana de Copacabana para dirigirnos a la frontera de Peru, a poco menos de treinta minutos. Los pasos de frontera siempre son largos, tortuosos y llenos de nervios. ¿Nos pondrán problemas? ¿Pasaremos la aduana? El problema no somos nosotros ya que nuestro pasaporte nos lleva a cualquier sitio, sino Josefina y sus permisos de importación. Sin embargo este paso fue bastante sencillo y bien organizado. Nos llevó una hora y media aproximadamente (porque los trámites son lentos) pero pasamos fácilmente, y nos pusimos de camino a Puno, nuestra primera parada.

El primer objetivo era Cuzco, pero estaba demasiado lejos para una sola jornada, así que Puno ofrecía una buena parada donde además podríamos aprovechar para ir a ver a los Uros, una de las atracciones turísticas principales de la zona que, a pesar de ser muy muy turística y artificial, es una experiencia interesante y única.

Visita a los Uros

Los Uros eran un pueblo que buscaba su lugar, y se movía por una zona en guerras continuas durante la época de los señoríos Aymara. Como pueblo pacífico intentaban evitar el conflicto pero esto no siempre era posible, asi que encontraron la solución al problema en el lago Titicaca. Gracias a la totora (el junco que crece en abundancia en el lago), construyeron islas artificiales con toda una técnica de ensamblado de bloques, que les permitió crear una economía de subsistencia basada en la pesca y en dicha totora. Y así hasta los días actuales. Conforme Peru se iba conformando e iba pasando el tiempo, y después de varias tormentas, los Uros movieron sus islas mucho más cerca de la costa de Puno (a apenas media hora) y desarrollaron toda su economía basada en el turismo.

Ahora puedes visitarles desde el puerto, ver una explicación de cómo construyen y mantienen sus islas y barcazas, y te dan un pequeño paseo por el poblado para acabar en una cafetería donde puedes pagar con tarjeta! (Todo un cambio después de venir de Bolivia)

Al día siguiente nos despertamos pronto para emprender el camino a Cuzco. Iba a ser un día largo y teníamos que llegar a un pequeño apartamento que sería nuestro centro neurálgico de exploración del Valle Sagrado y la capital Inca. Tras dejar aparcada a Josefina y preparar la cena, organizamos lo que sería nuestra estancia en el Valle. 3 Días en Cuzco y 3 días en Urubamba, todo aderezado con la viista obligada a Machu Picchu, una día en un poblado Quechua y unos talleres de cerámica.

Plaza de Armas de Cuzco

Pero Cuzco necesita más de 3 días, no solo por la cantidad de ruinas y templos (muchos de ellos destruidos por los españoles para construir sus iglesias encima), sino por la vida cultural y oferta gastronómica que ofrece. Desde ceviches hasta chocolates, y por supuesto innumerables museos que nos hablan de la cultura Quechua / Inca, su desarrollo y expansión, la construcción, abandono y descubrimiento de Machu Picchu y sobre todo, la cosmovisión de este pueblo.

Para esto pudimos visitar el planetario de la ciudad. Si bien es modesto y tuvimos la mala suerte de tener una noche lluviosa y repleta de nubes, nos pudieron explicar de manera muy amena la cosmología actual, la Inca y cómo están relacionados. Por ejemplo los Inca no solo usaban la posición de las estrellas para construir constelaciones, sino que también usaban el “espacio vacío” para construir formas que se fusionaban con el entorno y sus montañas sagradas y construir así su cosmovisión. La vía láctea por ejemplo, no dejaba de ser el mismo río que luego bañaba su valle sagrado cayendo de las montañas y regando sus miles de terrazas con cultivos de todo tipo, trayendo así a la vida lo que la Pachamama nos ofrece.

Una vez visto todo el centro de Cuzco, sus templos y museos (y restaurantes), nos pusimos rumbo a Urubamba, que sería nuestro enclave para explorar el Valle Sagrado. Las opciones para visitar Machu Picchu son muchas y muy variadas, adaptadas a todos los bolsillos. Pero en nuestra situación con las niñas decidimos una de las opciones cómodas. Y esa fue la razón de quedarnos en Urubamba.

Por un lado los precios son mucho más baratos y por otro estás más cerca de muchas de las ruinas que se pueden visitar en todo el Valle. Y eso es lo que hicimos. Pasamos un día entero en Maras, donde visitamos las terrazas del salar pertenecientes a esta comunidad y donde pudimos hacer un taller de cerámica tradicional con un escultor local (que realizó la estatua principal de la plaza de armas de Maras), además de visitar Moray, el laboratorio de experimentación agrícola de los Incas, en donde los círculos concéntricos inferiores tienen diferentes características climáticas que los superiores, y siendo ésta la razón de cómo consiguieron los Incas plantar plantas tropicales y otras cosechas impropias de las montañas.

Salar de Maras
Moray

Finalmente al día siguiente nos levantamos pronto para visitar Machu Picchu. Condujimos hasta el pueblecito de Ollantaytambo y allí tomamos el tren que te lleva hasta Machu Picchu pueblo, o Aguas Calientes, un pueblo construido por y para el turismo de la ciudadela Inca. De ahí un autobús hasta arriba del todo, contratación de guía y a recorrer las ruinas. 

Algo que nos sorprendió de Machu Picchu es que no se sabe bien bien qué razón de ser tenía: si un enclave secreto en las montañas, o un palacio de verano para el Inca… Su población era de unas 700 personas, y parece que por su ubicación era un lugar bastante secreto y selecto. Tenían personal de todo tipo: agricultores, aristocracia, sacerdotes, y expertos en arquitectura, ingeniería agrícola y astronomía. Y era una ciudadela autoabastecida. Finalmente fue abandonada, y nunca descubierta por los Españoles, de ahí que estén las ruinas tan intactas.

No nos imaginábamos que Machu Picchu iba a ser tan caro de visitar. Y aunque hay opciones más económicas de hacerlo (ir hasta la hidroeléctrica, subir andando desde Aguas Calientes, intentar no contratar guía….), realmente mereció la pena. El turismo había bajado mucho debido al Coronavirus así que pudimos verlo casi solos, y disfrutar de un día soleado y perfecto. Ya por la tarde bajamos en el mismo recorrido en el tren, en el que hicieron un desfile de modelos ofreciendo ropa de lana de alpaca, recogimos a Josefina del parking, y de vuelta a Urubamba.

El día siguiente fue más cultural. Pudimos subir al pequeño pueblo de Huilloc, cerca de Ollantaytambo, para empaparnos completamente de la cultura Quechua. En este pueblo, donde el quechua es el idioma más hablado, la familia de Tomás y Virginia nos prepararon el ritual de la Pachamanka (similar al horno polinésico o al curanto típico de zonas como Chiloé o la Isla de Pascua). También nos enseñaron las técnicas de telar quechua donde Laura pudo avanzar en nuestro proyecto de lanas por Sudamérica. Puimos tomar jugo de chicha y jugar con sus quys (cobayas) que son un auténtico manjar de la zona. Mara y Susana jugaron con sus hijos como si se conocieran de toda la vida y cuando se hizo tarde volvimos a “agarrar el colectivo” que nos devolvería a Ollantaytambo y de ahí a nuestro alojamiento.

Al día siguiente teníamos un recorrido duro y largo. Habíamos decidido ir hacia Arequipa y visitar el famoso Cañón del Colca. Una de las vistas de montaña más espectaculares del país y lugar para observar cóndores. Teníamos unas 9 horas de camino así que nos pusimos en marcha pronto, para intentar aprovechar las horas de luz. Lo malo de Sudamérica es que nunca te puedes fiar de las aplicaciones de mapas. Ni Google Maps ni Waze. Únicamente de los consejos locales. Tomamos la ruta que nos indicó el GPS y, si bien estuvo perfecta en la primera parte del camino saliendo del Valle Sagrado, fue al final donde nos metió por toda una carretera de “trocha” (o ripio, grava) que nos llevó cerca de cuatro horas recorrer. Además con la intensa lluvia en un par de ocasiones tuvimos que echar piedras al barro para asegurarnos que Josefina no se quedaba atrancada de nuevo. Este camino nos subió a más de 4500 metros de altura, pero por fin llegamos al que sería (aunque aun no lo sabíamos) nuestro último destino en Perú, el pueblito encantado del Colca en Chivay.

en ruta a
Chivay

Llegamos tan tarde y tan cansados que decidimos descansar al día siguiente. Los cóndores se ven muy pronto por la mañana por lo que es necesario empezar el día conduciendo a las 6am. Así que pasamos el día entero haciendo galletas, dando de comer a las alpacas y simplemente descansando.

Nuestro plan después de Chivay era llegar a Arequipa y visitar brevemente la ciudad, para después subir a Nazca, de ahí unos días en la playa en Paracas visitando Ica y Huacachina, unos días en Lima y finalmente pasar un tiempo largo en la zona de Mancora para hacer surf y disfrutar de la playa. Estábamos ya algo cansados de la altura, el altiplano y el frío y queríamos llegar a los trópicos y poco a poco ir subiendo a Ecuador.

Pequeño, la alpaca bebé

Pero todo eso se truncó debido a la pandemia. Poco imaginábamos que esta parada temporal para ver los cóndores nos iba a tener encerrados durante 17 días en el hotel, y nos impediría continuar con nuestra ruta.

Fue sobre las 6 de la tarde del 16 de Marzo cuando el presidente de la República del Perú declaró el estado de emergencia por el Coronavirus, y ahí se acabó nuestra ruta por Peru y nuestro viaje. Pero no pasa nada, Perú seguirá ahí y podremos volver una vez pase todo esto!

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